Dios quiere ir a nadar

¿Qué se sentirá nadar en un estanque repleto cerveza? Primero tendría que resolver el asunto de aprender a flotar en un ambiente acuoso. Lo mío es lo sólido.

Desde que abrí mis alas al mundo vivo despejando algunas dudas. Pero hay una, en especial, que me perturba con su brr brrr infinito: ¿qué es lo que intenta María barriendo el cielo? Yo le he dicho, venga hermana páseme la escoba que yo puedo subir más alto, pero nada, ella sigue dando brazadas en el aire. Quién sabe a lo mejor también quiere aprender a nadar. ¿Será que se le mide a una zambullida en cerveza?

No me gusta la luz del día, los aclamados rayitos solares aparecen ante mis ojos cual afiladas lanzas. Por eso armé mi casa debajo de esta esquina de madera, alejada de la cúpula colorida de vitral.

Yo no sé cuál es la vaina conmigo, pero ya estoy cansada del «Dios mío ayúdame con esto», «ayúdame con lo otro». Y para completar cuando intento responder a todas las súplicas —como es debido y más siendo un Dios — ¿qué recibo a cambio? Un alarido sórdido: «¡De mala suerte, esas alas negras de polilla al lado de la cruz de nuestro Señor, debe ser de malísima suerte!». Otra vez llega María con su escobita a tratar de barrer el techo de mi casa.

No entiendo nada de lo que dicen los berridos, pero, ni los invité yo a mi casa, ni elegí ser un Dios, así que por mi se pueden ir, ya estoy aburrida de esta adoración insulsa. Lo que soy yo me voy a nadar en mi cielo acuático de líquida cebada.

Me di cuenta que ningún Dios estaría a gusto en este templo, no es un lugar confortable, es más un recinto lúgubre polvoriento que no deja a mi espíritu alado danzar.

Todo se remonta a la noche del viernes pasado cuando llegó, arrastrándose, Rómulo, vino hasta mi casa — como todos— a conversar conmigo. Su esposa lo había abandonado. «Ven Dios, te lo suplico, ven baja de esa cruz. Todo sería más fácil si me acompañaras a ahogar mis penas», me decía entre lloriqueos. Yo —que nunca había abandonado mi casita— bajé y me fui con el desgraciado. Mientras lo escuchaba, vi encapsulada mi tan anhelada cerveza.

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