El gato que no era Pink Tomate

Ya sé que no es nada original que un gato escriba, que ande por las calles y que trate de, a través de sus palabras gatunas escritas aquí sobre el papel, mostrar lo desagradable que resulta el ser humano, desagradable ciertamente, pero útil y necesario. Necesario sobre todo y eso es ciertísimo.

Entonces, volviendo a mi falta de originalidad, diré que, por un lado, no soy Tomate, ni Pink Tomate ni Tomatico, tampoco Lerner, ni Meitei, no definitivamente y más que definitivo, especialmente no soy Meitei, ni Mikeko ni Kuro…

No no no ¡qué tal!, nicuro no soy porque sería una especie de pez y el pez nada y yo no nado… pero nada que puedo llegar al punto.

El punto es que soy un gato, esos que dan mala suerte y fui a parar a un sitio de mala muerte o algo así o eso escuché a unos hombres y a unas mujeres humanas y bobas.

Un día, después de recibir tantos gritos tan bulliciosos de tanta gente, algo dentro de mí me dijo que me escapara corriendo rapidito hasta un lugar más tranquilo más alejado, un lugarcito desasosegado…

Andé y paré y seguí andando y anduve más, llegué hasta el Parque de Los Novios y más gritos ruidosos y las bobas: mira, mala suerte, y yo y mi cola dentro de mis patas seguí, salí por una reja y el sol no me dejaba ver entonces pitos y un caos de ruedas y de asfalto caliente y más pies no míos, de la gente que ni me miraban mis patas y ya me ardían.

Entonces por fin, pasto verde y luna por fin y yo descansé en un pasto negro de luna fría. Me volví ruedita peluda y negra y ya.

Al otro día… No. Primero y antes de eso yo estaba en ese parque con los ojos cerrados y la luna y el cielo brillante bajó un poquito y yo lo aruñé un poquito y me comí unas tiritas de queso de queso mozzarella. Aunque mi panza también me gritaba, entonces al otro día ya era de día y todo estaba llenito de una luz luminosa pero también borrosa que no me dejaba ver con claridad nada y solo podía pensar en que esas tiritas de queso no sé pero no me llenaron, yo creo que no pasó en la realidad, y fue solo un sueño que pasó dentro de mi cabeza negra de gato que da mala suerte.

Al frente mío de mis ojos: una casa grande con un farol. Salió una humana pero no de las bobas y me tocó y yo me dejé tocar y mi cola también y se levantó y ella: ¡qué hermosurita tan bella!, y me cargó en sus bracitos de humana suave y no boba. Adentro de la casa todo estaba como con la luna y unas cortinas negras y más piernitas de humanas lindas de pieles lindas y labios lindos que llegaban a mi cabeza de gato negro y ellas: dejémoslo que nos dá buena suerte, y yo: prrrrr prrr prrrr y la cola, mi cola entre sus piernitas lindas de humanas.

En el día, leche y atún y tiritas de queso, queso de la nevera, no del cielo y de la luna; y caricias sobre mi cabeza negra y feliz y: el gato ¿cómo se llama?, no, no sé y yo tampoco… Y a mí me toca hoy dormir con él, no que a mí, que a mí, no que a mí… Y yo entre cobijas y piernas lindas, depiladas y suaves de humanas lindas.

Pero en la noche, todas las puertas cerradas y yo: miau miau miau miau y nada. Que otro cliente llegó, decía la más viejita pero linda y todas las puertas cerradas. Entonces me hice ruedita peluda en un cojín amarillo y soñé un sueño feliz porque soñé con Amarilla… A no. Amarilla no está en este pedazo de hoja porque no soy Tomate, ni Pink Tomate.

 

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