Mi beso de maple

Un día no encontré tu beso de maple. Lo busqué entre las sábanas de cotidianidad cansada, también en las cucharadas de palabras marchitas. ¿Cómo, cuándo perdí la majestuosidad de mi desayuno?

Arañé mi memoria para encontrar una grieta y con mi pupila prometer recuperar tu azucarado aliento.

Todo fue en vano.

La crisálida matutina polvorienta, carga nuestras alas inertes de los colores que se secaron con el primer rayo del sol.

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