Primera, primerísima parte: ni escritora, ni fotógrafa

En este preciso momento no sé de qué escribir, pero la verdad es que ya llevo así varios meses, se me pasó todo un año, casi todo y esos son muchos días pensando en este rincón intangible en dónde me puedo sentir libre, tan libre que ya no sé ni cómo empezar… eso es muy malo, pues se nota que la mitad de lo que soy, o tal vez un poco más, se está “acostumbrando” a la normalidad que la sociedad me va imponiendo, claro me refiero a eso que todos conocemos por rutina, para cada uno tan diferente, pero al final del día tan parecida para todos: suena el despertador, “hay que bañarse” (por lo menos aquí en Colombia, no hacerlo o aceptar públicamente que no se a diario es mal visto, o es tomado como un cliché humorístico que pasa desapercibido, como lo es afortunadamente en mi caso)…

Siguiendo con la rutina: desayunar o no (según lo saludable que uno quiera intentar ser), salir de casa para algunos suele complicarse un poco, depende de la hora de dónde esté ubicada la vivienda y si la aventura matutina “tocó” en bus, en taxi, en moto, en bici o en carro, en cada caso es una “odisea bogotana” diferente… en fin, se llega al trabajo (en muy pocos, admirables y cercanos casos el título de trabajo se da a un proyecto propio de vida donde se llenan las expectativas al 100 por ciento), en el resto de los casos es un empleo que cumple solo con alguno o con ninguno de los imaginarios infantiles que se tenían sobre la vida “adulta”, listo el día pasa con reuniones, llamadas, pequeñas pruebas de tolerancia… se acaba la jornada y se es total y absolutamente libre para aprovechar el tiempo propio que al final de la semana se reduce a unas pocas horas, ya que la mayoría se van en trancones y otros obstáculos callejeros… la vida se ve reducida a nada… a unos cuantos valiosos segundos con la familia, con el novio y con la escasísima naturaleza que se puede guardar y petrificar en la mente (insisto que aquí no caben las flores muertas que viven sus últimos momentos en un florero de alguien que se alegra con un ser muerto, en fin allá cada quién con sus gustos…)…

Pero ese no es el punto. El punto es que así estoy yo: distraída. Me gusta escribir, que si sé o no sé cómo hacerlo, eso ya dejó de importarme. Lo que sé es que me gusta hablar, contar lo que pienso, lo que vivo, en fin todo… creo que si la vida se reduce a nada por lo menos uno puede dejar una huella, una imagen en cada persona cercana, somo decía Kundera en una de sus exquisitos escritos: un monumento en la mente de alguien más.

Por eso abrí este nuevo blog. Pero como lo mencioné en unas letras pasadas que ronda en algún lugar en la Web, la verdad es que lo que quisiera es contar, contar historias que pasan en las calles, pero que quienes me lean puedan también “hablar” virtualmente aquí con sus historias.

Esto no es mérito propio del todo, ya que la idea original es de Juan Pablo Rodríguez, quién es Director Creativo en TBWA (espero contar con sus historias/letras aquí también) y me regaló su idea en un diciembre, justo el día en que se suponía se iba desaparecer nuestro mundo, no pasó y yo tampoco avencé mucho en este espacio de historias, por las charrísmos “argumentos” de los que ya hablé.

Bueno, escribiré, no sé de qué, ni cómo me quede, pero escribiré … a ver si alguien se me une a contar sus historias en cualquier parte del mundo, si nadie se me une por lo menos quedarán estas letras: “así era esa Mafe” dirán en mi parranda funeraria!

También en este espacio estarán mis fotos con frases de libros que me han dejado varios momentos pensando y pensando. Las fotos: sin técnica solo con la emoción del momento.

Listo eso era todo, a ver qué sale!

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