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Sonríe, estás en Instagram

La soledad. La soledad. La soledad. Nadie quiere estar solo.


Segunda repetición, segundo capítulo, segunda temporada. Stranger Things. Volumen arriba. Celular en mano. Acompañados. Mañana hay que pagar otro mes de Netflix.

Huyen, huimos de la soledad es la peste bubónica recargada, digitalizada que nos arrincona con su abrazo letal.

Nadie quiere almorzar solo.

Nadie quiere ser la amiga solterona.

Nadie quiere verse reflejado al mirar un cuadro de Edward Hopper y sentir hielo bajo las sábanas el viernes en la madrugada al llegar.

Nadie quiere un domingo lluvioso con el eco del silencio en la cocina. “Solo hay sal”, se escucha.

Nadie quiere recorrer los pensamientos profundos del Rodia de Dostoievski y sentir la seducción del crimen (cualquiera) gritando en cada latido a las tres de la mañana.

 

Todos sonríen. Sonreímos.

Todos con pareja. Estables. Inestables. Efímeros. Todos en pareja.

Todos unidos por la piel. La piel bronceada.

Todos rogamos por un like. Un like. Una aprobación. Una compañía. Un like.

Todos de la mano. La mano azul.

Todos sonríen. Sonreímos.


Pantallas brillantes y su abrazo.
Se acabó el papel higiénico.

 

Dormimos aliviados: cincuenta likes. Hay tratamiento para la peste bubónica y mañana será otro día para actualizar.

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