Montaigne

“Yo mismo soy la materia de mi libro”

Quise empezar con esta frase, la del título, porque resume en palabras del propio Montaigne lo que para él significó escribir desde un enfoque tan diferente que generó el desarrollo de un género literario, quizá sin una premeditación.

Al hablar de ensayo literario es indiscutible tener que hablar de Michel de Montaigne, quien bajo la cobija del renacimiento comenzó a hurgar dentro del ser, a través de la experiencia personal.

Entonces el hombre fue el centro, el centro para explorar, el centro para descubrir, el centro para hallar respuestas que no se habían encontrado (?) en épocas anteriores.

Las artes, en este sentido, mostraron un camino para expresar esta nueva realidad. La literatura no fue la excepción.

Montaigne como punto de partida reveló que el mundo, la política, la sociedad, la naturaleza y Dios eran temas que se desvanecían, que perdían interés.

¿O no?

Tal vez no, pero el enfoque se transformó radicalmente.

Era la percepción personal la que entraba a jugar un papel fundamental en esta nueva forma de escritura.

El autor entró a imprimir su sello en cada palabra. La opinión o la reflexión se volvió el insumo principal.

Sin embargo, esta reflexión era demostrada con ejemplos históricos para construir argumentos poco debatibles y lograr un convencimiento de un lector. Quizá.

Entonces, los temas más triviales se volvieron importantes y los pequeños detalles se hicieron gigantes, incluso llegando a ser incluso existencialistas.

Dormir, comer, estar solo, tener miedo, sentir algún olor; todos temas ignorados hasta que Montaigne giró la mirada y demostró trascendencia en la historia y en la definición del ser a partir de estos aspectos en apariencia insignificantes.

La interioridad se hizo importante y su exploración a través de las palabras se hizo necesaria.

Reflexión y argumentación son los términos que pueden definir mejor el ensayo literario.

Una exploración desde el interior del ser para tratar de entender ciertos temas que han marcado momentos históricos y así la existencia del hombre pasando por encima de lo racional y lo objetivo, características de épocas previas a Montaigne y su descubrimiento con el ensayo literario.

 

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